Herramienta de Disciplina Positiva «Una palabra» #PorfinesViernes ✓

Semana 23 • Herramienta 23 de 52 de Disciplina Positiva

Hoy en #PorfinesViernes vemos una herramienta de Disciplina Positiva muy cortita que te hará la vida si no más sencilla, al menos más silenciosa y con menos conflicto 😉

Una palabra

una palabra

Photo by Asierromero – Freepik

Redescubriendo la palabra «educación»

¿Te imaginas no decir más de una palabra en esas situaciones en las que te subirías por las paredes?

Te reto a probarlo durante una semana…

Muchas veces como madres y padres hemos aprendido que nuestra labor es la educar y, casualmente, hemos creído que educar es sinónimo de enseñar, de dar información, de decir y decir cosas a nuestros hijos para que aprendan.

Sin embargo, la palabra educación tiene una doble connotación.

Alberto López García en su blog “el arte de moverse” hace alusión a esta doble etimología:

Educación etimológicamente, del latín:

  • Educare – criar, nutrir o alimentar
  • Exducere – sacar, llevar o conducir desde dentro hacia a fuera.

Que a su vez, son dos posturas opuestas en la manera de entender la educación.

  1. En la primera definición, el término se entiende de fuera a hacia dentro, en el que nuestra labor como padres y/o educadores consiste en meter conocimientos, ideas, datos, saber… Siendo este, el modelo que ha pasado de generación en generación.
  2. Mientras que la otra definición, habla de que educar tiene más que ver con sacar, desde dentro hacia afuera, por lo que el individuo ya tiene dentro de sí un potencial que sólo necesitamos dejar que salga y favorecer su desarrollo.

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¿Cuál de las dos definiciones se asemeja más a tu estilo de crianza? ¿Quizá una combinación?

La herramienta de hoy va en la línea de la segunda definición:

Menos es más y los hijos ya saben lo que tienen que hacer muchas veces, por lo que nuestra “misión” como padres es observar y hacer seguimiento».

Te pongo un ejemplo:

Ejemplo:

OPCIÓN 1. “¿Pero otra vez el plato sin recoger? ¡Todos los días igual! ¿Cuándo vas a aprender que tienes que colaborar en casa? Que yo no puedo estar detrás de ti. Es que te lo he dicho ya mil veces, ya deberías sabértelo de memoria… ¿Lo haces a propósito o qué? Es que no me puedo creer que seas tan despistado”.

OPCIÓN 2. Señalando al plato… “Juan… la mesa”.

Y nos vamos sin decir nada más o le miramos y esperamos su respuesta.

¿Qué crees que ocurrirá en ambas situaciones?

Pueden ocurrir dos cosas:

  1. Que tu hijo pase de ti y no te haga caso;
  2. Que recoja el plato.

¿Qué crees que puede sentir tu hijo tras esto?

En el primer ejemplo:
Culpa, vergüenza, dolor. Quizá se rebele y te conteste “hazlo tu si tanto te molesta” o quizá agache la cabeza mientras recoge pensando que te ha vuelto a defraudar.
En el segundo ejemplo:
No te va a contestar hazlo tu, a no ser que esté dolido por algo y necesite comunicarte cómo se siente y lo haga de manera equivocada (¿recuerdas la Tabla de las metas erróneas?) y seguramente recoja su plato sin sentir nada del ejemplo anterior.

Desmontando el «sermón»

Sermonear (o dar teoría, como me dijo un padre en un taller), es una vieja herramienta que sabemos que no da buenos resultados a largo plazo.

Cuando educas, lo que quieres es que tu hijo adquiera habilidades y capacidades para desarrollarse como adulto responsable y respetuoso.

Si le dices todo lo que tiene que hacer, estas “metiendo”, pero no estás «sacando» ni dando la oportunidad de que tu hijo sienta que es capaz y que puede hacerlo.

Guiar es estar ahí, es acompañar y validar.

No hay mejor aprendizaje que aquel en el que uno tiene la satisfacción de haberlo logrado solo».

Y si no, piensa en ti y en la última vez que lograste algo con esa sensación de satisfacción tan grande que tuviste 👌.

El sermón suele venir acompañado de nuestra propia mochila, de situaciones no resueltas, de patrones educativos adquiridos y no repensados, y suele venir acompañado de falta de autocuidado.

¿Cuántas veces acabamos pagando con nuestros hijos nuestro “cansancio” de la semana y ese momento se convierte más en un desahogo que en un momento educativo?

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Conclusión

Menos es más, para ti y para todos.

Si tu hijo ya sabe que después de comer el plato hay que recogerlo, ya no tienes que insistir, sólo recordar, mirar y esperar. Lo demás vendrá. Te reto a probarlo.

Y cuídate, porque si estás calmada, serena y tu tanque de cariño está lleno, el plato será solo un plato y no el disparador de salida para que tu niña interior se sienta herida.

¿Te animas a “educar” con una sola palabra?


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¿No te funciona lo que haces a diario con tus hijos? ¿Quieres cambiar tu forma de ver la crianza y la educación?

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