Herramienta de Disciplina Positiva “Presta atención” #PorfinesViernes ✓

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Semana 45 • Herramienta 45 de 52 de Disciplina Positiva

Hoy en #PorfinesViernes vemos la herramienta:

Presta atención

Herramienta de disciplina positiva: Presta atención

A ver hijo, presta atención, venga que no te lo tenga que repetir…”

“¿Me prestas atención? ¿Me estás escuchando?”.

“Oye, préstame atención, que te estoy hablando”.

¿Te suenan estas frases?

La herramienta que te traigo hoy, te sorprenderá porque nada tiene que ver con las frases anteriores y sí tiene mucho que ver con la esencia de nuestra filosofía de vida: el foco siempre está en el adulto.

Por tanto cuando en Disciplina Positiva usamos la herramienta de Presta Atención, lo que estamos diciendo es que nosotros como adultos tenemos que tomarnos el tiempo para atender a nuestros hijos de manera adecuada.

Deja lo que estés haciendo y atiende a tu hijo como si fuera lo más importante para ti en ese momento.

Sí, ya sé lo que estarás pensando: “Yo no puedo atender a mi hijo siempre que quiere”.

Efectivamente, no entraremos en polémica, lo que nos dice esta herramienta es que cuando le prestes atención, lo hagas de verdad, que tu hijo sienta que efectivamente te importa y que lo que le estás diciendo es igual o más importante que todas esas otras cosas que haces cada día, como por ejemplo:

Chicos, callar, que estoy trabajando y no me puedo concentrar”.

“Chicos, apagad la tele que sino me desconcentro”.

Pues igual que lo haces en esos casos, también deberíamos hacerlo en otros en los que nuestros hijos vienen a contarnos algo:

Por ejemplo:

Papá hoy nos han enseñado la canción de los planetas”.

“Hijo, cuéntame… Te escucho. Apaga la tele para enterarme bien de lo que me vas a decir”.

Tarjetas 52 Herramientas de Disciplina Positiva de Jane Nelsen
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Estas cosas que parecen no tener importancia sí la tienen, puesto que estamos educando desde el ejemplo, les estamos mostrando que lo que para ellos es importante, para nosotros también. Y, al mismo tiempo, estamos enseñando cómo es una escucha activa y lo necesario que es parar, tomarse un momento, prestar atención y focalizar nuestros sentidos para entrenar la concentración.

Sin embargo, como decíamos antes, hay momentos en los que no podemos mostrarles toda la atención que necesitan y ahí seguimos educando con el ejemplo y poniendo el foco en nosotros como adultos responsables de la situación, emplearemos unas herramientas útiles para esa situación.

Te cuento una experiencia que sucedió en un taller de Disciplina Positiva a una compañera.

Tenía una sesión de 3 horas con un grupo de madres y no tenía con quién dejar a su hija de 4 años, así que habló con ella:

Cariño, mamá tiene hoy taller. Serán 3 horas, por lo que tendrás que jugar sola. ¿Crees que te aburrirás?

“Si mamá”.

“Entonces, ¿qué crees que podrías hacer en ese tiempo cuando te aburras?

“Pues podría jugar con mi juego de Lego”.

“Genial, y ¿qué te parece si hacemos una rueda de opciones con todas las ideas que se te ocurran?”

Salieron 8 ideas de cosas que podría hacer en esas 3 horas: jugar con Lego, dibujar, escuchar música, comer fruta, sentarse con mamá escuchando, llevar plastilina, ver dibujos y recortar con las tijeras.

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La niña estuvo jugando sola durante unas dos horas (mucho tiempo para una niña de 4 años) por lo que empezó a sentirse molesta. Su madre, le señaló el reloj de la pared y le dijo que cuando la aguja llegará al 12 jugaría con ella.

Tras unos 20 minutos, la niña ase acerca a su madre y ésta le dice que si quiere, puede quedarse sentada en su regazo mientras ella acaba la sesión. El resto de madres miran, con lo que el sentimiento de presión y estrés aumenta. La niña comienza a taparle la boca a la madre para que no siguiera hablando y le preste atención. Sin perder los nervios, la madre mira al grupo y dice:

Mi hija esta ya cansada y quiere que le preste atención, debería atenderla primero o continuar sin más?”.

El grupo elige lo primero.

Dándole un abrazo y un beso a su hija, le dice:

Cariño, sé que estás cansada y triste porque ha pasado mucho rato y aún no he jugado contigo. ¿Te gustaría que dejara la clase y jugara contigo, verdad?”

“Sí mamá”.

“¿Te parece bien que juguemos juntas a papel y tijera 2 veces?”.

“¡¡¡Cinco veces!!!”.

“Mmm… ¿Y si en vez de 2, 3 ó 5, jugamos 4?”.

“¡¡¡Sí, genial!!”.

“Después del juego, tienes alguna idea para no aburrirte y que mamá pueda continuar la clase?”.

“Sí,, puedo salir a jugar a los legos”.

“Ok, ¿te gustaría jugar a piedra papel o tijera de nuevo cuando termine la clase?”.

“Sí mamá”.

La niña salió a jugar con los legos.

La madre continuó su clase y mostró el mejor juego de rol que podría hacer para poner en práctica todo lo enseñado en el taller.

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Mantener la calma y confiar en el proceso es básico. Cuántas veces nuestra manera de actuar se ve arruinada porque nos dejamos llevar por la tensión, por el qué dirán, por el miedo de que no va a funcionar y cuántas veces decimos:

Es que yo sé que eso con mi hija no va a funcionar”.

Y es cierto que tenemos muchos “vicios” adquiridos y cambiar nuestra manera de hacer las cosas es un proceso.

Cambiamos las madres y padres y los niños cambian y a la primera, a la segunda… no tiene por qué salir. Nuestros hijos están hechos a una manera de funcionar y a la primera no se van a “creer” que ese cambio sea real.

Por eso es tan importante la actitud, que revisemos todos los patrones adquiridos y que nunca hemos “pensado” sobre ellos y que hoy, sabiendo que lo que sabemos sobre funcionamiento cerebral, maneras de relacionarnos, el efecto del “NO” en el cerebro, educar sin herir, desde el respeto mutuo, con conexión antes que corrección y sobre todo: verificar en vez de suponer.

Prueba de nuevo, olvida lo que ocurrió otras veces. Tú ya no eres la misma y la manera en la que estás educando tampoco.

Date la oportunidad de cometer errores y confía. Si estás segura que lo que quieres es basar la educación de tus hijos en el amor, en la confianza, en una relación horizontal, destierra el autoritarismo y el castigo, que solo consigue efectos a corto plazo, pero que debilita y separa a largo plazo.


Reflexionando…

Una reflexión: “A mí me educaron así y no estoy tan mal”.

Tachar lo que no proceda:

  • Falta de empatía.
  • Miedo al rechazo.
  • Dificultad para conectar emociones.
  • Sentimientos de envidia hacia los hijos.
  • Necesidad de venganza o justicia.
  • Bajo autocontrol.
  • Competitividad.
  • No saber pedir ayuda.
  • Autoexigencia excesiva.

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