Herramienta de Disciplina Positiva «Ganar Cooperación» #PorfinesViernes ✓

Semana 13 • Herramienta 13 de 52 de Disciplina Positiva

En #PorfinesViernes te traigo otra herramienta de disciplina positiva: Ganar cooperación.

Es una herramienta que te va a sacar o librar de muchos apuros. Consiste en ganarnos a los niños en vez de ganarles a los niños… Fácil, no? 😊

Ganar Cooperación

Te pongo un ejemplo:

¿Cuántas veces te has visto inmersa en una lucha de poder, digamos con un niño de 4 años?

👩: Vamos, Recoge tus juguetes, que ya se ha acabado el tiempo de jugar y hay que recoger»

¿Qué suele responder el niñ@?😅

👧: Voy mamá, estaba deseando que me lo dijeras… En cuanto acabe aquí me pongo el pijama y me voy a la cama…»

(Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia😅).

Sabemos que eso no va a ocurrir, porque lo sabemos ¿verdad? Sin embargo somos así de ilusas, que eso es lo que esperamos… Para luego sentirnos frustradas, abatidas, desesperadas…


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El truco para «ganar la cooperación» de tu hijo o alumno

Como te decía, el truco está en «ganarnos a los niños» y como les ocurre a los adultos, una invitación a hacer algo es más motivador que una orden.

Entra en el mundo de tu hijo y entiende su emoción  Prueba con preguntas de curiosidad:

👩: María, que tienes que hacer con los juguetes antes de ir a la cama?»

Igualmente tu hija te puede contestar con una evasiva, un poquito de humor… Pero difícilmente con un «No quiero».

Conectar con tu hijo, comprender su juego, su momento, le hará estar más dispuesto a colaborar.

Cuando los niños se sienten bien quieren contribuir.


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La idea es conectar primero, corregir después… Es decir, comprender los sentimientos del niño y hacérselo saber.

Puedes comenzar con una sugerencia:

Hijo, podría ser que…” y ver si tenemos razón.

Cuando mostramos comprensión por lo que siente, cuando validamos su emoción (empatizamos) no estamos “cediendo” o dejando que el niño haga lo que quiera. Esto muchas veces puede parecer confuso porque estamos más acostumbrados a intervenir en lugar de conectar.

La idea es hacerle ver al niño que entendemos su percepción, que incluso podemos compartir lo que está sintiendo o alguna situación que nos hubiera ocurrido a nosotros, por ejemplo: «Yo recuerdo que cuando era pequeña me pasaba lo mismo con la abuela… me pedía recoger cuando yo no había acabado de jugar…». Estos momentos son una invitación al niño a colaborar, a escuchar, a sentir que pertenece.

Pregunta si se le ocurre alguna idea para solucionar la situación, para que no vuelva a ocurrir en un futuro:

Hijo, me doy cuenta que quieres seguir jugando y yo no te dejo… ¿qué se te ocurre que podemos hacer para ir a la cama a tiempo y dejar la habitación recogida?”.

Cuando hayamos establecido una actitud de comprensión, de entendimiento, nos ganaremos al niño, que estará preparado para escucharnos e incluso para proponer una solución.


¿En qué se sustenta esta herramienta (y las demás)?

En los principios de la disciplina positiva y la psicología adleriana:

Los niños se portan mejor cuando se sienten mejor y nuestra actitud debe ser siempre de comprensión, de respeto y de aliento.

Si no partimos de esa base, es muy fácil caer en la manipulación.

Pregúntate antes de corregir si que lo estas haciendo está capacitando a tu hijo o desalentándole. ¿He conectado con él antes de intentar corregir?


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Nuestros hijos se sentirán capaces y querrán contribuir si les involucramos de manera respetuosa.

Ganarnos a los niños parte de una actitud de respeto y comprensión. Que el mensaje del amor siempre llegue a tu hijo.


Recuerda 

El truco es ganarnos a los niños para que cooperen (ojo NO ganarles) y no ha mejor modo de hacerlo que «invitarles a hacer algo» y evitar «ordenarles hacer algo».

Recuerda que el CÓMO dices las cosas tiene más importancia que lo QUE dices. Una solicitud con un tono de voz que añade humillación:

¿En serio? ¿Te digo que recojas y sigues ahí como si nada? ¿Sordo, verdad?”.

Se convierte en un castigo. Siendo el sentimiento más importante que lo que haces o dices.

En nuestras manos está crear un ambiente que invite a la confianza, a la conexión y cercanía o, por el contrario, a la distancia y al rechazo.

¿Crees que puedes influir de manera positiva en tus hijos después de haber creado distancia y hostilidad?

¿O tal vez nos ocurre que actuamos en piloto automático sin pararnos a pensar en que lo que estamos haciendo nunca debe ser más importante que la forma en la que lo hacemos?…

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